Hoy

Levantarme tarde y sentirme cansada, poner la taza en la cafetera, la cápsula de expresso primero, la de leche del capuccino después. Bebida lista, cuchara en mano, echar el polvito blanco en la taza…. Y darme cuenta de que es sal.

Miro mi mano, cuchara entre dedos, miro la taza, el café apetitoso que no me podré tomar. Me pongo a llorar.

#lareglaysusefectos

regla, diario de una volatil

 

 

regla, diario de una volatil

Teorizando

Me gusta cuando hablo así, serena, segura de lo que digo y por tanto, con pausa. La sensación me recuerda a una crema, un fudge que se desliza suavemente por una superficie. Así.

Esa es para mí la sensación perfecta a la hora de hablar, aunque la mayor parte del tiempo, en mi caso, el resultado no sea ese. Porque hablamos como somos, y no solo por lo que decimos sino cómo lo decimos también.

Mis formas por ejemplo siempre han sido rápidas, atropelladas, quiero ir a la msima velocidad de mis pensamientos y no, no puede ser. Muchas veces, cuando la situación me altera de una u otra forma voy hablando sin razonar mis palabras, simplemente salen nerviosamente, y luego me pregunto por qué he dicho lo que he dicho.

Hay gente que de normal si solo la escuchas y no la ves te das cuenta de lo enérgica que es, habla rápido y sin pausa pero sin comerse las palabras, con una entonación siempre hacia arriba. Otra gente rara vez varía demasiado el tono, si están contentos o cabreados solo lo notas por pequeños cambios en la voz. Esas son las personas contenidas, las que por alguna razón no les gusta expresar sus sentimientos. Las que no sabes qué están pensando… Luego existe alguno, como el que escuche hace poco en un podcast, que da la sensación de ser pedante, por esa forma de remarcar tanto cada palabra como masticándola y esa pronunciación especialmente exagerada en los términos anglo… Aún no se si él será realmente arrogante, pero no tengo mucho interés en saberlo tampoco. Así de determinante es la forma en que transmitimos percepciones con la voz.

Algunas voces desconciertan, ves a la persona, adulta, con cara de padre o madre asentada, y te sorprende esa entonación natural con un deje aniñado, y no me refiero al timbre de voz, eso es otra cosa, sino a la forma de modularla, de querer hacerla de manera inconsciente (creo) menos grave. A veces me pregunto si no es una forma de despertar ternura.

Están los que terminan cada frase con una especie de tono de interrogación acompañada de una expresión en la mirada de expectativa y que a mí me dice que sufre de una acentuada inseguridad, o los que manejan muy bien sus matices para lograr exactamente el efecto que quiere porque es consciente de ello, lo que me dice todo lo contrario que el anterior. También existen quienes están tan llenos de agresividad que incluso en una conversación normal se delatan: sus terminaciones son bastas y  van acompañadas de gestos duros.

En realidad creo que la lista de ejemplos puede ser interminable, casi tanto como el número de personas que conocemos y que nos conocen, porque también tu y yo estaremos incluidos en muchas de esas listas con alguna descripción. Hablar es como el sexo, lo haces como eres, y el sexo es como dormir, si funciona o no está en la cabeza. Y sí, este post es un desvarío mental que he tenido estos días. Y no, no consumo drogas, vengo así de fábrica.

hablar, treintanera

Callejeando Madrid, la exposición

 “Hola hermano, ayer estuve paseando por Lavapiés con la cámara de fotos y disfruté mucho… Sigo dándole vueltas al proyecto que te comenté y he pensado en lanzarme ya…”

Este correo se lo envió Nacho Gil a su hermano el 7 de octubre de 2012… Era una idea que estaba tomando forma en su cabeza. Y no sabía las consecuencias que tendría.

Hay bonitas historias que comienzan así.

Exposicion en MAdrid, madrid, imagenes madrid, callejeando madrid

El plan de Nacho era ir fotografiando su ciudad, Madrid, y usar como canal un perfil de Facebook. Comenzó entonces a recorrer las calles con su moto, haciendo imágenes y subiéndolas a la red social. Así se cristalizó el proyecto Callejeando Madrid.

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El 9 de octubre de 2012 se hizo pública la página en la red social con la primera imagen y en cuatro meses las fotos de Nacho eran seguidas por tres mil personas, con el arduo trabajo que implicaba poder atender los comentarios y sugerencias de todos. A los nueve meses eran diez mil fans, junto a los madrugones para captar amaneceres, los trasnochos al perseguir la luna llena, los reflejos de la ciudad en la lluvia los días malos, los paralelismos de imágenes antiguas y actuales, y hasta retratos de gente. En poco más de un año el fanpage era seguido por 39 mil almas.

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Lo que había sido una idea ya era un plan consolidado, Nacho tuvo que pedirle a su amigo Mariano ayuda en la asistencia de fotografía, y vinieron la página web y hasta un libro conseguido gracias al crowfunnding en 2014.

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Total que han pasado tres años ya, el perfil en Facebook es seguido por más de 54.500  personas, y ahora Nacho ha decidido ponerle fin a su aventura. Lo está cerrando de forma redonda con una exposición que estará hasta el 10 de abril en la escuela de artes visuales Lens donde aprendió las técnicas de fotografía (porque el ojo fotógrafo lo tiene él).

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De derecha a izquierda: Nacho y Mariano con su niño

A decir verdad fui a la inauguración, y la muestra es -lógicamente- solo una pequeña parte de las piezas tan bonitas que he visto durante todo este tiempo realizadas por Nacho. La exposición la dividió en series, como la de las impresionantes vistas del skyline de Madrid con la luna de noche o el sol al atardecer o amanecer; escenas urbanas callejeando por la ciudad -me impresionó esta que no había visto antes, por supuesto de mi querido parque-…

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Y la de Madrid y sus habitantes, que supuso un trabajo extra escogiendo a las personas, los textos de presentación, quedando con ellas y fotografiándolas…

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Lo se porque la de verde sentada soy yo…

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Lo que quiero contar con este post es lo bonito que me resulta ser testigo de este tipo de iniciativas. Callejeando Madrid es un proyecto hecho desde y con el corazón, en el que la sencillez en su presentación lo único que ha hecho es provocar unas imágenes cautivadoras por su belleza, la belleza de una ciudad vista por alguien que la conoce y la quiere.

Y todo comenzó por una idea….

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Exposición Callejeando Madrid

Si tu me olvidas

Originalmente publicado en Querida Tu:

Si tu me olvidas

Hazme un favor

Pues sabes como es esto

Si quieres llorar, llora

Si no quieres, no lo hagas

Si no logras llorar, descuida

No te preocupes

Si quieres reir, rie

Si alguna persona alguna vez te cuenta de mi, escuchala y cree lo que digan

Si me elogian mucho, corrigelos

Si me hacen de villano, defiendeme

Pues me conoces

Y sabes quien fui

Asi que si tu me olvidas

Escapate un ratito y hazme otro favor

recuerdame un instante

Pues te estare recordando el resto

Ver original

La banda

Todos tenemos una banda sonora de nuestra vida. Se compone de múltiples canciones, de esas que nos han ido acompañado en alguna etapa de nuestros años, si no imitando su baile frente a la tele, es llorando con su letra mientras recordamos ese primer amor o trasladándonos a una época más ligera donde la premisa son los planes que están todos por delante.

Algunas se vuelven tan cercanas que es como si no estuvieran porque siempre están ahí. Y es cuando pasa algo excepcional, como escuchar por primera vez a su autor en directo, que por un segundo detienes el canto a todo pulmón, y caes en la cuenta de que sí,  de que estás escuchando parte de tu vida. Y te parece que estás simplemente oyendo a un viejo amigo, al familiar que hace tiempo no ves, al conocido de hace años que te reencuentras y evocas con él conversaciones -las letras- que ya ni recordabas. Y no te lo esperabas. Pero ahora van saliendo por la boca y te sorprendes pensando lo que pensabas no recordar, y las frases salen y te alegras de ese automático que actúa a pesar de, el trabajo de ese subconciente que no olvida y se encarga de recordarte que esa, esa es la banda sonora de tu vida.

Eso fue el concierto al que asistí hace unos días. Escuchar a Franco de Vita fue un timbrazo en el alma, de esos que funcionan como llamadas en puertas que creías cerradas porque no recordabas. Las letras, los coros, las estrofas, los cambios de ritmo para que entre la variante del siguiente instrumento y que ni señas de saber que iba a tararear al completo, la cara familiar, la de hace muchos años y que hace tiempo no veía. Luego los cantantes invitados y el dúo San Luis compuesto por unos hermanos con los que me iba de fiesta hace casi 20 años por aquello de los amigos en común. Ahora entiendo a Gardel.

Dos horas y media que significaron vivir el pasado desde la felicidad del presente y disfrutar el presente por la alegría de recordar el pasado. Soy una nostálgica.

Querido cartel

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Esta fue la foto que le tomé al letrero cuando lo vi por primera vez, pensé, ¡está escrito pensando en mí! Llegué al local por casualidad, me fui a dar un paseo por la playa para respirar y serenarme, ya sabes que esos días mi vida era toda turbulencias, de hecho, fue durante esa caminata cuando tomé la decisión de separarme. Ya llevaba un rato andando y pensando y sentí sed, me puse a mirar en los cafés que habían en el paseo marítimo y este me llamó la atención, entre el color turquesa de la decoración, el nombre La más bonita, y lo acogedor que se veía entré, y cuando pasé  a la terraza vi el cartel. No se qué me pasó, con todo lo que llevaba dentro, leer esas líneas me removieron aún más, solté algunas lágrimas parada allí, de forma absurda, enfrente de un simple letrero de pizarra. Fíjate cuál sería mi expresión que un camarero se  me acercó  para ver si iba todo bien, le dije que sí secándome la cara, y le pregunté quién había escrito aquello por curiosidad.

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Me contó que a los días de abrir (era uno de los dueños) una señora muy mayor estuvo con su nieta tomándose una merienda, tenía una apariencia humilde y sencilla, como la gente de las huertas cercanas. El cartel estaba puesto pero aún buscaban una frase para escribir, y como no se les había ocurrido algo más original que “bienvenidos” lo habían dejado así hasta pensar algo mejor. El caso es que la doña, al ver el letrero, le preguntó si podía escribir algo, él le dijo que encantado porque así tenían una cosa escrita por una clienta, y le dio un trozo de tiza, entonces ella se la entregó a la niña que tenía como 8 años y le dictó la frase. Fue la niña quien le puso el arroba, que por cierto, la abuela no entendió, me contó con una sonrisa.

Desde entonces el cartelito está ahí. Pero ese día yo leía y releía la frase, me senté en la mesa más cercana para seguirlo viendo y pensaba sí, estoy lista para el futuro, estoy lista para cambiar lo que no me hace feliz, estoy lista para hacer planes. Sentí un subidón ¿sabes? Salí de allí plena, decidida.

Me separé, me mudé sola, empecé a salir y a conocer gente. Más o menos un año después comencé a verme con otra persona, pero no duró mucho, aunque fue muy intenso. Cuando rompimos volví a ir al café y me senté de nuevo una hora junto al cartel, leyéndolo y pensando. Un aprendizaje más en mi vida y ahora a mirar de nuevo al futuro. Seguí con mis cosas, trabajo, amigos, alguna salida los fines de semana, comida familiar los domingos, etc. Estaba tranquila, pensando que lo mejor estaba por venir.

Pero seis meses después de aquello me quedé sin trabajo, un ERE aplicado en la empresa y de repente sin la estabilidad que tenía desde hacía ocho años. Me deprimí, no sabía qué hacer, qué te voy a contar si nos vimos varias veces en ese tiempo. Y otra vez un día me fui a la playa para caminar y serenarme y de nuevo en este lugar, leyendo el cartel. Me di cuenta que mirarlo y pensar en la frase me tranquilizaba porque me hacía pensar desde otra perspectiva. Ahora podría llevar a cabo cosas que antes no hacía por falta de tiempo, o por estar atada a la ciudad. Empecé a hacer planes en mi cabeza y me animé un poco pensando en el futuro, estaba lista.

Pasó más tiempo, fue cuando me fui seis meses a estudiar inglés a Inglaterra ¿te acuerdas? volví y encontré aquel curro por un año. En esa época empecé a salir con otro chico, nos iba muy bien, y estábamos planificando mudarnos juntos cuando tuvimos una pelea monumental, él decía que yo quería hacer todo a mi gusto y yo alegaba que él pasaba de las cosas. De nuevo, me vine aquí, pero esta vez la pizarra estaba borrada, negra. Sorprendida porque ya era un ancla psicológica para mí, le pregunté al mismo chico qué había pasado. Me contó con cara de circunstancia que hacía dos semanas había vuelto la abuela autora del texto, le había pedido una bayeta y ella misma había borrado la frase, él sorprendido le preguntó por qué lo hacía, y ella le dijo que ya no era necesario que estuviese allí, y que en su momento vendría otra persona a escribir las letras necesarias. Yo estaba perpleja, y el chico sonriendo me dijo que a él le había quedado la misma cara.

Aquello me descolocó, ¿por qué una frase que me resultaba tan potente había desaparecido por decisión de su autora? Me fui sin consumir nada y estuve en la playa como dos horas reflexionando. La historia del letrero hizo clic en mi cabeza.

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Después me reconcilié, y nos fuimos a vivir juntos como habíamos planeado; se acabó mi contrato, decidí emprender por mi cuenta, mi padre fue operado de emergencia tras un infarto. Y un día sentada tranquilamente en mi casa, me di cuenta.

Cogí mi bolso y me vine aquí. Había pasado un año desde la última vez. Como presentía, encontré la pizarra vacía. Le pedí una tiza al camarero que me reconoció y escribí lo que ves.

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PD: La más bonita existe, está en Valencia, me gustó tanto el cartel que me inspiró esta historia. Esta es la web

Yo, mujer de treinta y muchos

Últimamente me dio por reflexionar sobre el nombre de este blog. Yo creo que es la famosa crisis de los 40 que ya comienza a asomarse…

susto-bebe

Me dio por pensar en lo de treintañera porque ya no me quedan muchos años como tal. Luego pasé a preguntarme por lo de desubicada… He notado en los últimos años que aparte de las pequeñas arrugas que empiezan a asomarse en mi cara y la pérdida de tersura en la piel, hay cosas que antes no vivía en absoluto o vivía con menos intensidad que ahora tienen mucha presencia en mi vida. Y en ocasiones no veo muertos, pero no se cómo tomármelo…

Por ejemplo, ya no me fijo en lo que se ponen mis amigas para salir corriendo al espejo y confirmar si me veo igual de guapa, porque es cierto que muchas mujeres (y  ya se que no puedo generalizar pero el porcentaje es alto) a cierta edad vivimos en una carrera de Fórmula 1 compitiendo por ser la más guapa-sexy-inteligente-audaz y muchos etcéteras. Y la causa del cambio no es nada en especial, simplemente  ya se que hay aspectos  de mi apariencia que son atractivos y otros que definitivamente no, por mucho que intente disimular la celulitis, cierta flacidez en los brazos, y esa grasita abdominal lateral que me salió hace un tiempo ya y que no hay dios que la quite. Tampoco es que haga 600 abdominales diarios, pero como que antes “eso” no estaba allí y no hacía más ejercicio que el que hago ahora.

cristiano ronaldo, mujeres de 30

Este NO es mi abdomen

Y dirán algunas que es la seguridad que dan los 30… yo no se si es simple razonamiento lógico. Chica, si a los 20 la piel de naranja ya estaba superinstalada en mi vida y en mis piernas, a estas alturas no se me va a quitar a menos que me obsesione en plan Madonna.

En cambio sigo buscando desarrollarme profesionalmente porque no me siento ni de cerca satisfecha, y lo de marido-casa-niños-coche-hipoteca es como el lenguaje que E.T. usaba para comunicarse con su gente. No lo entiendo. Y sin ganas de entenderlo.

ET, mujeres de 30

¿A que mola este gif?

Y aquí algunos dirán que sigo sin madurar…

Ahora me molestan las aglomeraciones, no me fijo en la ropa que está a  la última casi nunca y no me gusta emborracharme. Respecto a esto último, aquellos estados etílicos espectacularmente patéticos de los 20 años son somo la historia antigua: Lejanos. Mas que nada porque después de los 30 muero en vida cada vez que paso por una resaca, me dura todo el día siguiente e incluso parte del segundo.

También ahora odio tener que cumplir con compromisos sociales por obligación y no soporto los sonidos fuertes por las mañanas, suelo tener problemas para dormir principalmente las noches del domingo cuando me entra el nervio y no me gusta tener que conversar  para llenar silencios incómodos, prefiero pagar un billete de AVE aunque me cueste mucho más antes que aprovechar el viaje con algún conocido con quien tendré la obligación de contarnos la vida.

Sucede que también he tomado consciencia del paso del tiempo, la vida es corta, pasa en dos pestañeos, y no quiero perder el rato en eso. Lástima que no aplique este principio a esos momentos de seria mala leche cuando tengo el día cruzado o cuando estoy en cuasi depresión porque me va a venir la regla y el mundo se me cae encima. O peor todavía, cuando es día de limpieza en casa.

Ya no pierdo mis horas con gente que no me termina de convencer solo por cumplir, aunque también entiendo que las personas somos muchos  matices y que tenemos etapas malas. Comprendo que las cosas no son solo como yo las pienso y hay tantos mundos como cabezas pensantes, aunque algunas cosas desde mi óptica me parezcan inconcebibles. También se que el principio de los problemas suele ser la intolerancia, y que cuando critico es porque no estoy ocupando mi tiempo en algo útil. ¿A que sueno a que se mucho de la vida?

De todas maneras, sigo criticando marujamente de vez en cuando y  muchas veces soy de ideas fijas. Con mis ideas, propias, mías. Porque con los años, como no estemos atentos, los criterios se van cerrando en nuestra cabeza y se circunscriben al mundo que nos hemos formado, ese pequeño universo que forma nuestra vida y que creemos que es lo normal. Y como es lo normal ES lo correcto. Y así nos vamos volviendo más rígidos de mollera.

Por eso en mi pueblo se dice que “con los años te vuelves más mañoso”.

Yo a veces estoy tan metida en mi rutina cotidiana que salir un día a caminar por otro barrio, quedar con los amigos de mis amigos, o hacer una actividad nueva dentro de mi ciudad supone una apertura de ideas. Hace poco leí que hacer cosas de este estilo es también una forma de viajar. Yo creo que sí.

Aunque si hay algo que me gusta de ello, es ese estado de sorpresa que siento cada vez que camino por Madrid  y que me hace impresionarme por lo bonito de sus edificios aunque lleve tantos años aquí. Creo que no lo he dicho pero soy de pueblo, y hay cierta percepción en los que somos de pueblo, no se si llamarla cierta inocencia al observar las grandes ciudades, o ciertas conductas que nunca se pierden, que no cambian por más que viajes y te vuelvas cosmopolita.

Sigo sin saber cómo tomármelo, con lo simple que son las cosas si no piensas.

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