Una historia

Hace 10 años decidió marcharse. Cogió sus maletas y tomó vuelo. Ella quería ser una mujer de mundo. Marcada por su origen pueblerino, quería conocer países, otros idiomas, otras gentes, y bailar. Por eso se fue. Y llegó allí con las ilusiones y el ímpetu que se tiene a los 20. Hizo amigos,  tuvo amores, y dudo también de su marcha, como cuando caminó por todo el centro de la ciudad llorando porque se sentía sola y fuera de lugar… trabajó mucho en muchas cosas, y conoció diferentes gentes. Un tiempo después lo conoció, un tipo maravilloso con un corazón más grande que él mismo. Después bailó en escenarios, y viajó a propósito, pero la inseguridad le podía, no lo disfrutaba.

Hace poco cambió el baile por la escritura, en estos tiempos se siente más reposada y serena, aunque su inconsciente inquieto sigue jugándosela por las noches al dormir. Resulta que cumplió 10 años de su marcha, y no sabe si alegrarse o estar insatisfecha. Ha crecido mucho y ha aprendido mucho, pero su concepto de mundo incluía más viajes, más países, más idiomas, ¿ha valido la pena? se pregunta…

Esa es la historia de mi otro yo estos últimos 10 años… Yo, este yo, la que narra, vive una vida más solitaria, corriente y clásica al otro lado del mundo. Supongo que según vamos decidiendo nos vamos diseccionando en muchas vidas, múltiples vidas…

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La lista

La lista de propósitos de año nuevo. Uff, nos la hacemos, corta o kilométrica, nos autoprometemos el 2 y el 27 de enero ya se nos olvidó, caemos de nuevo en la rutina del quehacer diario y ya está. ¿Para qué tanta promesa si es tan poco responsable?

Me puse a pensar en la lista a raíz de un post que leí en un blog sobre empleo y desarrollo personal que sigo llamado Zumodeempleo, lo escribe una chica encantadora llamada María Luisa, y me encanta por su lenguaje llano y sincero. Uno de los puntos que mencionaba era aprender idiomas. Mi deuda pendiente año tras año.

Engadget.com

Y no es que no lo intente, tengo una base de inglés y lo entiendo un poco, ahora se supone que estoy haciendo un curso a distancia… lo pago cada mes y no he pasado del primer libro, no tengo disciplina.

Lo ideal en mi caso sería irme unos meses a un lugar de habla inglesa porque así me obligo a hablar, pero ahora no tengo tiempo ni dinero para hacerlo, entonces tengo que buscar una solución que sea real, y no una que prefiera olvidar el 27 para no acordarme de que no la voy a cumplir.

Los otros propósitos son más plausibles: empezar a buscar clientes freelance como redactora, viajar a Venezuela y Nueva York.. no sé del todo si los voy a cumplir, pero si sé que voy a hacer todo lo posible por lograrlos.

La vaina, como se dice en mi tierra, es con el inglés…

Incluso he pensado en la opción del pueblo que existe en no sé qué parte de España en el que solo se habla el idioma, aunque me han dicho que es bastante caro.

Pero quiero cumplirlo, y creo que por eso estoy escribiendo sobre esto, porque contárselo a otras personas es una manera de comprometerme, y como tiendo a ser un poco histérica, me va a pesar el compromiso público al final del año si no lo llevo a cabo…

Si tienen ideas son bienvenidas, porque aún no encuentro método…

Historia en un tren

El tren que esperaba llegó por fin, acercándose imponente, como un monstruo con vida propia.  Se detuvo y presioné el botón para que la puerta se abriera deslizándose suavemente a un lado.

Tengo el 5B, espero que sea ventana. Me gusta mirar por las ventanas en los trenes, mi alma nostálgica rememora películas románticas, dramas en los que la actriz recuerda un amor perdido o una decisión determinante en su vida.

 Vaya, me toca pasillo. Bueno, me siento en la ventana y si no viene nadie me quedo; aunque me acordé de que era fin de semana de puente y habrían más viajeros.

 El vagón empezó a llenarse de gente, yo estaba metida en mis pensamientos cuando de repente me volví al pasillo y vi que un chico miraba en mi dirección.

 – ¿Te sientas aquí?

– Sí.

Vaya de nuevo.

Me cambié al puesto que me correspondía en realidad con disgusto, y creo que externamente se me notaba, porque el “intruso” me dijo, “si prefieres te dejo mi sitio” . Me sentí avergonzada por mi arranque de malcriadez; «no, no pasa nada», le contesté.

– Yo prefiero la ventana la verdad, -me dijo al cabo de dos minutos-  me gusta mirar el paisaje y no pensar en nada, solo disfrutar de la tranquilidad de ver transcurrir el tiempo y los lugares… A menos que tenga algún niño como vecino que llore a gritos- Y sonrió.

 – A mí también me gusta la ventana.

– Ah, por eso me miraste con cara de asesina cuando te dije que era mi puesto ¿no?- Comentó en tono divertido.

No pude evitar sonrojarme y bajar la mirada.

– ¿A dónde vas?

– A Valencia, ¿y tú?

– A Alicante, voy a trabajar.

– Yo voy a visitar a unos amigos.

– Bueno, también aprovecharé para descansar.

– ¿Y en qué vas a trabajar un fin de semana largo?

– Voy a dar una charla de escritura creativa.  Soy escritor.

– ¿Ah, sí? Qué interesante. Yo escribo en mis tiempos libres, bueno, y los no libres también porque soy periodista.

– Qué bien, pues yo daré esta charla en unos talleres para jubilados. Son personas con mucho tiempo libre ahora y quieren desarrollar algunas aptitudes.

– Me parece precioso. Admiro a la gente que siempre está interesada en aprender. Aparte, es buenísimo para las neuronas.

– Sí… y tú ¿de qué escribes?

– Escribo en un portal de artículos y en un blog que tengo.

– ¡Anda! ¿Y de qué escribes en el blog?

– Bueno, es un blog personal. Redacto sobre lo que veo, anécdotas, vivencias, etc

– Es impresionante toda la gama de opciones que te da Internet para comunicarte, no deja de sorprenderme las posibilidades que tenemos ahora para hacerlo respecto a cuando yo era un chico apenas, y no soy tan viejo -dijo sonriéndome.

 Aunque lo estaba viendo a la cara, de repente lo volví a mirar , era un hombre de unos 40 años, tez blanca, cabello oscuro que le caía en capas sobre la nuca y las orejas… no era guapo, pero tenía algo, un aire bohemio y desenfadado que a menudo tienen los que se dedican a las letras, y que lo hacía a mi parecer atractivo.

 La charla continuó. Y se prolongó. Me contó de su vida, ingeniero industrial con pasión por las letras. Separado con tres hijos, un día llevó una novela a concurso y para su sorpresa ganó el segundo premio, que le hizo obtener cierto nombre en el mundo editorial. Decidió entonces probar a seguir escribiendo y pasado un tiempo le propusieron dar clases de literatura. Ahora el hobby era la ingeniería.

 Yo le conté de mi trabajo reciente en el equipo de comunicación de una empresa online, mi entusiasmo en el proyecto y mi pasión por escribir. Nos fuimos contando y contando, acercando como quien se abre sin pensar en las consecuencias…

 De repente, sin pensar de nuevo, le dije “Parece que te conociera desde hace tiempo”, y él respondió “Yo he sentido lo mismo”. Nos quedamos algunos segundos mirándonos, en uno de esos momentos cinematográficos que anteceden a una escena apasionada… Yo cambié el tema de conversación entonces…

Los altavoces emitieron el sonido de llegada.

– Estamos en Valencia.

– Sí, aquí me quedo

Una parte de mí deseaba quedarse en la silla. En tres horas nos habíamos contado nuestras vidas. Había sentido el calor de su proximidad y me excitaba. En un momento dado nuestras manos se tocaron y había sido mucho más intenso que un orgasmo.

 Y ahora me tenía que ir.

 Me levanté por fin y cogí mi maleta, él se levantó para despedirme, las manos detrás metidas en los bolsillos del pantalón, nervioso, igual que yo.

– Bueno, pues, ha sido un gran placer conocerte

– Sí, lo mismo digo

…….

….…

– Ya nos veremos entonces, adiós.

– Que te vaya bien.

Y me fui.