Al encuadrar

salchichas bavaras munich

 

Ese día llegó de su escapada. Se había ido a hacer la media maratón de Múnich y nos había traído un recuerdo gastronómico.
Digo “nos” porque en casa nos habíamos convertido en 2 más 1.
Las comidas eran en más cantidades. Los planes estaban condicionados a dejarlo atendido. El café del desayuno era en dos turnos para la vieja italiana que se quejaba del extra de trabajo con su gorgoteo.
El obsequio era unas salchichas bávaras. No podía ser menos viniendo de dónde lo hacía. Un paquete con una caja de salchichas alemanas en una lata como típico souvenir germano, y otra salchicha, de esas que ellos desayunan con mostaza y hasta con cerveza para mi sorpresa., envasada al vacío y comprada en un mercado según nos contó. Nos dijo.
No recuerdo si fue en la misma jornada o al día siguiente, preparé arroz blanco y una ensalada, la salchicha la pasé por la plancha y listo.
Siempre estaba alabando todo lo que iba probando porque representaba sabores nuevos, ingredientes a veces desconocidos, gustos que lamentaba una y otra vez no haber venido a conocer antes. Los está sabrosísimo los combinaba con los ojos cerrados de gusto y las gracias continuas por la preparación. Daba gusto verle comer.
La salchicha bávara la disfrutaste como el niño que tiene delante su plato favorito.
Ese día que nos sentamos  a comer en ese conocido mercado del centro de Múnich nos pedimos las salchichas y el chucrut, la cerveza y la sopa porque el frío producía entumecimiento. Fue cuando las tuve en el plato y las encuadraba con el teléfono para la foto que me acordé que hace muy poco estabas descubriendo las salchichas bávaras, y los guisos y los quesos y los gazpachos y salmorejos que probabas con exaltación porque te habías dado cuenta de que existía un mundo más allá de lo cotidiano por descubrir, quisiste hacerlo a tus 81 años.
Querías viajar como no lo habías hecho, marchar al norte compostelano porque te dijeron que era bonito y lleno de fé, trabajar un campo provenzano porque lo que te contaban te maravillaba y querías verlo con tus propios ojos. Imaginabas futuros, proyectabas vidas más allá de las que vivías, respirabas anhelos que sentías tuyos por segundos porque la mente sigue pensando deseos aunque el cuerpo ya empiece a fallar y las piernas ya no vayan al mismo ritmo de los sueños, quién dijo que no se podía soñar con la vejez.
Y todo esto lo recordé con unas salchichas bávaras con chucrut.
Anuncios

Cumple (más) años

6 de mayo de 2011..

Hoy cumplo 35 años. Me resulta un número redondo, rotundo (acabo de aprender a utilizar ese adjetivo con Elvira Lindo, y me encanta), llena bastante espacio puesto que son dos números gorditos. Y no me gustan.

Ya sé que quien me lea dirá que qué cosas escribo, que estoy joven, y que no sé qué (a menos que sea mi mamá)… lo más probable es que en unos días ya no esté tan negativa con la cifra, pero hoy no me gusta. Me jode cumplir esta edad. En términos de estadísticas, he pasado a partir de ahora el umbral en el que se califica a la gente de joven, porque las cifras sobre lo que le ocurre a la juventud llega hasta los 35 años,  ¿a mí alguien me ha dicho si quiero dejar de estar en las estadísticas de la gente joven? no, ahora soy adulta, y punto. En un noticiero, si le ocurre algo a una chica de 32 años dicen “una joven de 32 años bla, bla, bla”, si le ocurre algo a alguien de 35 es “una mujer de 35 años bla, bla, bla”. Supongo que quien se inventó las estadísticas tenía que poner una fecha de comienzo y una fecha de término de la juventud, y yo estoy ahora en ese límite. A todas estas, ¿qué es la juventud? ¿la edad en la que no tienes arrugas?, ¿la edad en la que no tienes responsabilidades?, las dos preguntas tienen respuestas relativas: hay gente arrugada desde temprana edad y gente que no, hay gente que a los 50 no se sienten preparados para responsabilidades (los inmaduros que llaman), y gente que a los 20 son super responsables. Al final ¿por qué tanta vaina con la juventud? porque estoy en una sociedad donde se le rinde tributo a esa etapa de la vida, y yo estoy en proceso de aceptar que el tiempo pasa, independientemente de cómo me sienta yo, porque da igual si me siento mejor conmigo misma ahora que a los 20, si me siento más mujer, más en paz y un poco más serena. No voy a cambiar por eso mi realidad externa. Entonces, ¿cuál es la solución? aceptar lo que hay afuera, y aceptar cómo me siento  yo, ¿que no casan lo de afuera y  lo de dentro? no pasa nada, se puede vivir así, siendo feliz y aceptando que hay realidades diferentes a la mía, aunque ellos sean mayoría, he escogido vivir como yo decida, ¿y las estadísticas? pues que le den a las estadísticas, los 36 no me los voy a fastidiar con reflexiones de este tipo.