En la vía

El señor, un anciano de 70 y muchos años que caminaba con bastón, aire enérgico y mirada de pillo me miró de arriba a abajo al llegar junto a mí en el semáforo y me espetó sin ninguna vergüenza: hoy te vas a conseguir un novio, procura que sea con dinero.

A mí tanto desparpajo me produjo risa de la buena, por eso seguí riéndome mientras le daba unas sinceras gracias por semejante piropo.

– Bueno, eso importante, le dije por decir, pero que me trate bien ¿no?, porque ¿qué hago yo con uno con dinero y que me trate mal?

– Ah no no, respondió, que te trate bien.

Y la luz cambió y él abuelo me dijo hasta luego, y yo con mi mayor sonrisa, mi pelo suelto, mi minifalda y mis botas de estreno de otoño le deseé buenas tardes. Me quedé con el chute de energía en el ego, y le dije a mis recién estrenadas arrugas ¡a tomar por saco!

Y 9….

¿Y qué voy a hacer el año que viene si este blog se llama Diario de una Treintañera Desubicada?

veronica-cartwright-invasion-of-the-body-snatchers

Ayer cumplí años, y fue el último de esta década regida por el 3. Estoy pensando desde ahora si tendré que cambiar el nombre de la bitácora, aunque realmente solo tendría que variar el adjetivo-sustantivo, porque la desubicación sigue… Tendría que averiguar entonces si la url puede variarse sin alterar por ello el historial o los resultados del blog, o dejarlo intacto y simplemente en el nombre que aparece en la cabecera agregarle el prefijo ex.

Aunque más que el blog, me preocupa el 0, ese 0. Y soy consciente de que estoy diciendo una tontería, porque un año más o un año menos no determina nada, pero ese 0 a la derecha impone. Si si, da igual lo que me digan, impone. No es lo mismo que «y 9» o «y 1». Con 38 o 39 estás a punto pero no has llegado, con 41 ya pasaste el momento heavy, pero el 0….

Y es que hasta ahora no me había planteado que para estas fechas, dentro de 365 días tendré 40, y yo nunca había pensado, imaginado, planificado alguna cosa siquiera de esta etapa de la vida. Cuando cumplí 30 sí que había divagado imaginándome que a partir de ese momento mi cuenta bancaria se llenaría, me recorrería medio mundo de aventurera y sería más famosa que Steve Jobs por mi trabajo (bueno, creo que me equivoqué un poco en el cálculo y exageré un poquito). Con los 40 me pongo a pensar en todo lo que no he hecho y me entra la angustia. Supongo que será la famosa Crisis.

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Aunque otra parte de mí me dice que si nunca me lo había imaginado mucho mejor porque entonces a partir de ahora esto es un lienzo en blanco, sin tanto plan, pretensión ni presión; lo puedo dibujar, escribir o simplemente manchar como yo quiera, a mi gusto.

Podrías ser un buen planteamiento, volver a la curiosidad y a la exploración….

Bebe-mofletes

Teorizando

Me gusta cuando hablo así, serena, segura de lo que digo y por tanto, con pausa. La sensación me recuerda a una crema, un fudge que se desliza suavemente por una superficie. Así.

Esa es para mí la sensación perfecta a la hora de hablar, aunque la mayor parte del tiempo, en mi caso, el resultado no sea ese. Porque hablamos como somos, y no solo por lo que decimos sino cómo lo decimos también.

Mis formas por ejemplo siempre han sido rápidas, atropelladas, quiero ir a la msima velocidad de mis pensamientos y no, no puede ser. Muchas veces, cuando la situación me altera de una u otra forma voy hablando sin razonar mis palabras, simplemente salen nerviosamente, y luego me pregunto por qué he dicho lo que he dicho.

Hay gente que de normal si solo la escuchas y no la ves te das cuenta de lo enérgica que es, habla rápido y sin pausa pero sin comerse las palabras, con una entonación siempre hacia arriba. Otra gente rara vez varía demasiado el tono, si están contentos o cabreados solo lo notas por pequeños cambios en la voz. Esas son las personas contenidas, las que por alguna razón no les gusta expresar sus sentimientos. Las que no sabes qué están pensando… Luego existe alguno, como el que escuche hace poco en un podcast, que da la sensación de ser pedante, por esa forma de remarcar tanto cada palabra como masticándola y esa pronunciación especialmente exagerada en los términos anglo… Aún no se si él será realmente arrogante, pero no tengo mucho interés en saberlo tampoco. Así de determinante es la forma en que transmitimos percepciones con la voz.

Algunas voces desconciertan, ves a la persona, adulta, con cara de padre o madre asentada, y te sorprende esa entonación natural con un deje aniñado, y no me refiero al timbre de voz, eso es otra cosa, sino a la forma de modularla, de querer hacerla de manera inconsciente (creo) menos grave. A veces me pregunto si no es una forma de despertar ternura.

Están los que terminan cada frase con una especie de tono de interrogación acompañada de una expresión en la mirada de expectativa y que a mí me dice que sufre de una acentuada inseguridad, o los que manejan muy bien sus matices para lograr exactamente el efecto que quiere porque es consciente de ello, lo que me dice todo lo contrario que el anterior. También existen quienes están tan llenos de agresividad que incluso en una conversación normal se delatan: sus terminaciones son bastas y  van acompañadas de gestos duros.

En realidad creo que la lista de ejemplos puede ser interminable, casi tanto como el número de personas que conocemos y que nos conocen, porque también tu y yo estaremos incluidos en muchas de esas listas con alguna descripción. Hablar es como el sexo, lo haces como eres, y el sexo es como dormir, si funciona o no está en la cabeza. Y sí, este post es un desvarío mental que he tenido estos días. Y no, no consumo drogas, vengo así de fábrica.

hablar, treintanera

Yo, mujer de treinta y muchos

Últimamente me dio por reflexionar sobre el nombre de este blog. Yo creo que es la famosa crisis de los 40 que ya comienza a asomarse…

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Me dio por pensar en lo de treintañera porque ya no me quedan muchos años como tal. Luego pasé a preguntarme por lo de desubicada… He notado en los últimos años que aparte de las pequeñas arrugas que empiezan a asomarse en mi cara y la pérdida de tersura en la piel, hay cosas que antes no vivía en absoluto o vivía con menos intensidad que ahora tienen mucha presencia en mi vida. Y en ocasiones no veo muertos, pero no se cómo tomármelo…

Por ejemplo, ya no me fijo en lo que se ponen mis amigas para salir corriendo al espejo y confirmar si me veo igual de guapa, porque es cierto que muchas mujeres (y  ya se que no puedo generalizar pero el porcentaje es alto) a cierta edad vivimos en una carrera de Fórmula 1 compitiendo por ser la más guapa-sexy-inteligente-audaz y muchos etcéteras. Y la causa del cambio no es nada en especial, simplemente  ya se que hay aspectos  de mi apariencia que son atractivos y otros que definitivamente no, por mucho que intente disimular la celulitis, cierta flacidez en los brazos, y esa grasita abdominal lateral que me salió hace un tiempo ya y que no hay dios que la quite. Tampoco es que haga 600 abdominales diarios, pero como que antes «eso» no estaba allí y no hacía más ejercicio que el que hago ahora.

cristiano ronaldo, mujeres de 30

Este NO es mi abdomen

Y dirán algunas que es la seguridad que dan los 30… yo no se si es simple razonamiento lógico. Chica, si a los 20 la piel de naranja ya estaba superinstalada en mi vida y en mis piernas, a estas alturas no se me va a quitar a menos que me obsesione en plan Madonna.

En cambio sigo buscando desarrollarme profesionalmente porque no me siento ni de cerca satisfecha, y lo de marido-casa-niños-coche-hipoteca es como el lenguaje que E.T. usaba para comunicarse con su gente. No lo entiendo. Y sin ganas de entenderlo.

ET, mujeres de 30

¿A que mola este gif?

Y aquí algunos dirán que sigo sin madurar…

Ahora me molestan las aglomeraciones, no me fijo en la ropa que está a  la última casi nunca y no me gusta emborracharme. Respecto a esto último, aquellos estados etílicos espectacularmente patéticos de los 20 años son somo la historia antigua: Lejanos. Mas que nada porque después de los 30 muero en vida cada vez que paso por una resaca, me dura todo el día siguiente e incluso parte del segundo.

También ahora odio tener que cumplir con compromisos sociales por obligación y no soporto los sonidos fuertes por las mañanas, suelo tener problemas para dormir principalmente las noches del domingo cuando me entra el nervio y no me gusta tener que conversar  para llenar silencios incómodos, prefiero pagar un billete de AVE aunque me cueste mucho más antes que aprovechar el viaje con algún conocido con quien tendré la obligación de contarnos la vida.

Sucede que también he tomado consciencia del paso del tiempo, la vida es corta, pasa en dos pestañeos, y no quiero perder el rato en eso. Lástima que no aplique este principio a esos momentos de seria mala leche cuando tengo el día cruzado o cuando estoy en cuasi depresión porque me va a venir la regla y el mundo se me cae encima. O peor todavía, cuando es día de limpieza en casa.

Ya no pierdo mis horas con gente que no me termina de convencer solo por cumplir, aunque también entiendo que las personas somos muchos  matices y que tenemos etapas malas. Comprendo que las cosas no son solo como yo las pienso y hay tantos mundos como cabezas pensantes, aunque algunas cosas desde mi óptica me parezcan inconcebibles. También se que el principio de los problemas suele ser la intolerancia, y que cuando critico es porque no estoy ocupando mi tiempo en algo útil. ¿A que sueno a que se mucho de la vida?

De todas maneras, sigo criticando marujamente de vez en cuando y  muchas veces soy de ideas fijas. Con mis ideas, propias, mías. Porque con los años, como no estemos atentos, los criterios se van cerrando en nuestra cabeza y se circunscriben al mundo que nos hemos formado, ese pequeño universo que forma nuestra vida y que creemos que es lo normal. Y como es lo normal ES lo correcto. Y así nos vamos volviendo más rígidos de mollera.

Por eso en mi pueblo se dice que «con los años te vuelves más mañoso».

Yo a veces estoy tan metida en mi rutina cotidiana que salir un día a caminar por otro barrio, quedar con los amigos de mis amigos, o hacer una actividad nueva dentro de mi ciudad supone una apertura de ideas. Hace poco leí que hacer cosas de este estilo es también una forma de viajar. Yo creo que sí.

Aunque si hay algo que me gusta de ello, es ese estado de sorpresa que siento cada vez que camino por Madrid  y que me hace impresionarme por lo bonito de sus edificios aunque lleve tantos años aquí. Creo que no lo he dicho pero soy de pueblo, y hay cierta percepción en los que somos de pueblo, no se si llamarla cierta inocencia al observar las grandes ciudades, o ciertas conductas que nunca se pierden, que no cambian por más que viajes y te vuelvas cosmopolita.

Sigo sin saber cómo tomármelo, con lo simple que son las cosas si no piensas.

mujeres de 30