Músicos de bandas sonoras

El túnel es aséptico y de color sucio. Suelen ser así los pasillos de los metros que conozco cuando se hace transbordo. El que recorro va de la línea morada a la naranja en Avenida América. Lo hago cada día desde hace poco que he vuelto a ser empleada de oficina.

Al principio me chocaba el gentío típico de una estación principal en horas pico, hacer la cola pacientemente para acceder a la escalera eléctrica, decidir si se va a la fila de los que ocupan un escalón de principio a fin del recorrido o el de los que necesitan llegar lo más rápido posible a la salida o al siguiente andén. Sortear los cruces en los puntos donde los pasillos se encuentran para no chocar con nadie y llegar a la esquina donde giro y comienza el túnel.

pasillo del metro avenida de america

La corriente de ida y la de venida, el aire impersonal de un espacio que solo cuenta porque no queda otro remedio que recorrerlo, las personas marcando los pasos según su urgencia y carácter. Siempre pienso que deberían levantarseMusicos del metro, violinista en avenida de america antes para no ir con tanto apuro, yo por lo menos ya llevo bastante velocidad en la cabeza como para comenzar el día acelerada en los pies. Algunos de ellos pasan rasantes y de mal humor con la mayor prisa posible. A veces los miro, pero solo de reojo, voy metida en la lectura del libro de turno o gestionando redes en el teléfono, y estoy entretenida en ello y en escuchar el fondo de música.

Ya antes de girar en la esquina comienzo a oírla. En la medida en que voy acercándome aumenta el volumen y me pregunto cómo pueden tener energía para tocar tan temprano. Cada mañana es un músico y un instrumento distinto. Esta vez el hombre tiene mediana edad y está con su violín. Todas las jornadas me digo que debería detenerme a dejarles algo musicos del metro, tecladista en avenida de americapara agradecerles lo que hacen por nosotros, pero como voy con el tiempo tan justo para llegar sin tener que correr, todas las jornadas me respondo que mejor al día siguiente. Qué ingratos somos a veces.

La historia es que siempre me ha gustado la música, y en los últimos tiempos he conocido su capacidad para lamer heridas. En cuanto a los músicos del metro, suelen tocar canciones inspiradoras, unas más nostálgicas, otras más enérgicas. Parecen una canción preparatoria de las que en las pelis sugieren lo que se verá: una acción, un asesinato o un encuentro tórrido. Y lo pienso mientras camino sin detenerme con el libro o el teléfono en las manos, que su melodía anima a decidir.

Porque me parece que le ponen color al fondo gris de cualquier tono del pasaje. Y es quizás por ese contraste, que encuentro al túnel con su música como ese momento para disponer qué día tener, uno lleno de notas melódicas u otro de color sucio del pasillo del metro. Bandas sonoras de la vida real.