Inevitable

Y este blog ha llegado a su fin.

Hace unos días cumplí 40 años. Lo escribo y no lo creo aún.

En varias ocasiones durante los meses previos me imaginé el post que iba a redactar a propósito de ello, por todo lo que significaría en mi vida y lo que implica para este blog -la pérdida de la razón de ser de parte de su nombre-.

Pensé en una entrada escrita en tono jocoso con imágenes sacadas de Google como las que uso a veces con caras exgeradamente expresivas para reírme de mí misma y del pánico que me daba llegar al numerito.

También pensé en un post escrito desde la nostalgia por todo lo que estaba dejando atrás.

Pero resulta que el cambio de década me ha afectado más de lo que pensaba, y cuando llegó el día no tenía ganas ni ideas para escribir el texto en el que contaba que me había convertido en una mujer de 40 años.

Y como sigo más o menos igual, porque cuando algo me afecta mucho suelo quedarme en primera instancia sin inspiración para escribir hasta que después de tanto acumular exploto y las musas bajan, y quiero escribir el post porque este blog no puede seguir así, decidí contar exactamente lo que me pasa, aunque no sea el mejor texto ni el más bonito de este querido diario…

40 es un número muy gordo.

Y no lo digo porque no he tenido hijos y se me va a pasar el arroz puesto que no me interesa reproducirme.

Ni siquiera es el cambio físico que empiezo a notar con ciertas arrugas que antes no estaban. Aunque dé la sensación a veces de que la vejez es un error social que deberíamos evitar a fuerza de potingues y bisturí.

40 es un número imponente cuando aún sientes que no has hecho las cosas que aspirabas a llevar a cabo antes de.

Y te planteas dónde han estado los fallos, cuáles han sido los errores. Incluso piensas en lo que harás a partir de ahora para que no llegue otro número gordo y te sientas igual de insatisfecho.

Pero hay momentos, como los que he vivido estos días, en los que me he preguntado dónde se quedaron los sueños de quinceañera cuando este presente sonaba tan futuro; en los que me he reprochado -y por qué no decirlo, fustigado- por lo que no hice, porque soy de las que piensa que esa es la única cosa digna por la que arrepentirse; en los que me he preguntado por qué el puto miedo me ha podido en tantas ocasiones.

Ay, Benjamin Button.

Pero como siempre me digo, hay que seguir, lo contrario es abandonarse. De estos días he sabido que quiero estar en paz conmigo misma y hasta un relato ha surgido para ese proyecto de libro que tengo y que tanta ilusión me hace.

A partir de ahora este blog se llamará Diario de una cuarentañera desubicada, si WordPress me deja y no está ocupado ya el nombre. No acepto el término cuarentona por la connotación despectiva que tiene, y como sigo igual de descolocada que hace 10 años, no es necesario cambiar mucho más.

En realidad, no se si alguna vez me sentiré ubicada, pero eso ahora es lo de menos.

Seguiremos.

diario de una cuarentañera desubicada, 40 años, mujer de 40

40 años

 

PD: cambié el nombre pero no la url. WordPress me dice que si cambio la dirección y no quiero perder el tráfico tengo que comprar una herramienta e instalarla. ¿Alguien conocer un procedimiento sencillo? Gracias!!!