Asidas

Si supieras lo que puede llegar a significar.

Aquello que por cotidiano dejó de notarse.

Que se volvió imperceptible convirtiéndose en un reflejo inmediato.

Que no te hace falta de tanto tenerlo, pero entre jemes, falanges, y artejos se esconden infinitos amaneceres, noches de vinos salpicados de besos y unos cuantos portazos.

Que no llegó a posicionarse entre tus recuerdos importantes. Se quedó arrinconado allí, junto con el despertar y estiro el brazo para que te vengas a mi regazo y nos tomemos 5 minutos de respiraciones enredadas; junto con el mensaje a media mañana para saber cómo te está yendo, el de la tarde a final de jornada, el de la queja por mira lo que me ha pasado; junto con la mano de cada noche para dormirnos.

Si supieras que se va diluyendo, y te olvidas de cuando lo querías.

Cuando buscabas un beso bonito cada mañana.

Cuando soltabas un discurso muy teórico sobre las relaciones, lo que esperabas y varias frases inútiles más.

Cuando las ganas se desinflaban con cada desilusión.

Cuando la manta, la peli y el sofá de los domingos querías que fuese en compañía.

Llegó como ocurren algunas cosas, despacito y tomando sitio, atrincherándose invisible, listo para darte momentos que ahora te resultan ajenos de tanto ignorarlos.

Y un día enfocas, escoges ángulo y fotografías. Ves el resultado y te sorprendes.

No porque ocurra, sino por las historias que esconden dos manos asidas.

 

relato, cuento corto, fotografía, cogidos de la mano

 

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El hombre en la playa

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Había muy poca gente bañándose en la playa por la frialdad del agua, es lo que tiene el Atlántico. Por eso llamaba la atención, en una extensión de 10 metros aproximadamente de la orilla solo se veía él, acostumbrando a sus piernas a las bajas temperaturas y mirando el ir y venir de las olas, parecía quererlo desafiar, al mar quiero decir, como dándole a entender “tú no puedes conmigo”. O era más bien que el movimiento continuo del agua le servía para reflexionar sobre su vida sin ser molestado por ruidos que le quitaran claridad a sus pensamientos.

O quizás era algo más simple: quería mirar el mar.

Portugal, agosto 2012

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