Perorata (ligera)

Escribir porque tengo ganas de escribir pero no sé qué escribir.

Escribir porque extraño el acto de juntar letras y formar frases como se extraña a alguien muy querido, esa persona a quien hace mucho tiempo que no ves y te parece que ha pasado una eternidad, y tienes ganas de volver a escuchar y compartir confidencias. Eso que se echa de menos desde dentro, desde las vísceras.

Escribir para contar. Por convicción, por práctica, por Tauro y por tus santos ovarios.

Volver a la fluidez y al parto. A pensar en cómo encajar esas varias historias que se te han ocurrido por ahí y tienes almacenadas para crear algo. El personaje que pensaste y que podría ser alguien interesante en un relato, la frase guardada hace meses en las notas del teléfono porque vas recopilando todos los momentos de inspiración. Bueno, ibas, últimamente no abundan.

Y hay que escribir para que vuelvan a abundar.

Buscar la inspiración, probar nuevos métodos, como ese taller de escritura y meditación que acabas de hacer y que tanto te gustó, nunca pensaste que las dos actividades que realizas hace tanto tiempo podrían integrarse.

Desprenderte del yo para poder observar y escribir desde la observación, respirar y hablar con el personaje, respirar y hablar desde el personaje; asimilar y practicar que puedes ser el canal por donde salen las palabras. Llegar a esa elevación que requiere práctica, paciencia y mucha amabilidad con una.

Observar para pillar posibilidades. Ese cliente que acude al restaurante a celebrar su aniversario con la mujer y se les nota que es una ocasión muy especial por su insistencia y sus preguntas. Imaginar que han estado ahorrando durante un tiempo para poder hacer esa salida porque el sueldo no les da pero se quieren y se han reservado esa velada para volver a ser unos ilusos enamorados.

El futbolista de la tele al que le veo los ojos tristes y la sonrisa contenida, al que supongo le costará seguir después de tanta gloria, ceros en la cuenta y reseñas de ser el mejor portero del mundo. El anciano al que escucho lamentarse por los errores que cometió en su vida y que ahora le pesan como esa lápida que sabe que pronto verá de cerca. Yo me pregunto si a esa edad siempre se llora mirando atrás. También pienso que un hombre mirando una tumba cerrada puede ser un personaje.

Y entretanto me llaman y me ofrecen una entrada a un concierto que no esperaba, esos momentos de magia que ocurren de repente, y cuando está sentado al piano cantando Pablo interrumpe el verso y nos dice al público que no dejemos de luchar por nuestros sueños, que no dejemos de luchar porque cuando él nos mira -15 mil almas- comprueba que se cumplen. Y a mí me emociona escuchar eso mientras pienso en escaletas, novelas y publicaciones.

Seguir escribiendo. Escribir con disciplina aunque no se llegue a toda ella.

Escribir para gustarme y gustar, aunque no sé qué tanto agrade esta perorata absurda. Alguien me entenderá.

Escribir y escribir. Para eso estoy.

 

escribir, pluma para escribir

Escribir. Imagen: Unsplash

 

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