Carta a un inmigrante querido

Te parecerán raras estas líneas cuando estoy todo el día preguntándote y diciéndote. pero hay ciertas cosas que no aprendí a verbalizar, crecí callándome, y callándome descubrí que escribir era una salida para contar las palabras que a veces se me acumulan en la garganta, como hoy que te quiero contar que lo que vives ahora  es eso, vivir.

O más bien un curso intensivo, un taller exprés, una clase rápida. Porque salir del lugar de donde se viene es quedar desprovisto de lo conocido que tienes alrededor; es como ir caminando tranquilamente por un bosque confiado en conocer la orientación que llevas y de repente salir a un claro muy amplio y darte cuenta de que no sabes cómo volver, y en ese momento ves que tu gente no está para preguntarle y que te oriente, el teléfono para llamar lo dejaste en la mesilla del cuarto y el mapa no pensaste en comprarlo. Solo tienes tus propios recursos, los que aprendiste todos estos años, por lo que te toca respirar un poco para calmarte y poder pensar por dónde viniste, mirar al cielo para ver la posición del sol en busca de orientación y recordar cuando eras niño y aprendiste que si miras bien los detalles puedes encontrar pistas para conseguir el sendero exacto que anduviste.

Cuando sales de eso que ahora todo el mundo llama zona de confort vives en un tiempo condensado lo que otros tardan varios -o muchos- años en recorrer, y por mucho que te diga que todo pasará y después será una anécdota y te animes con historias que te cuentan con la mejor intención sobre gente que llegó y consiguió todo lo que quería rápidamente, nadie va a saber como tú sabes lo que sientes ahora. La soledad de no tener a mano a una cara conocida, la incertidumbre de no saber si lo que viniste buscando lo conseguirás mañana mismo o dentro de muchos meses, la angustia de las cuentas que sacas a diario a ver si el dinero te alcanzará hasta el mes que viene. La duda, la inmensa duda, de pensar si lo estás haciendo bien, si vale la pena el esfuerzo. Las ganas durante varios segundos del día de algunos días de salir corriendo y volver a lo conocido, aunque aquello no te gustara, pero por lo menos allí siempre habrá una puerta que se abre y te recibe, un chiste malo para alegrarte el día, un teléfono al que acudir para pedir ayuda.

Ahora no podré convencerte de que pasará. Pero pasará, claro que pasará. Ahora te toca mirar para adentro porque no hay bastones que te ayuden a caminar fuera. Ahora es tiempo de respirar muchas veces cada jornada de búsqueda para serenarte y pensar, conectar con tu esencia, ser consciente de la inmensa capacidad que tienes y creértelo de una buena vez porque más te vale hacerlo. Ahora es época de recordar y extrapolar aquello que aprendiste un día en el liceo y emplearlo para hacer el contacto que quieres en el lugar que quieres. Ahora es el momento de aferrarte a ti mismo y saber que todo lo que ves fue inventado por alguien un día y tú también puedes hacerlo.

Y te asaltarán varias o muchas veces esas ganas de salir corriendo, como a las cinco días de llegar a Madrid e irme a caminar hasta Tirso de Molina llorando porque la ciudad se me caía encima, no tenía con quien hablar y quería coger la maleta y volver a casa porque quién me habrá mandado a inventar venirme a España. Después de un rato te aseguro que pasarán  porque ya habrás hecho algún amigo que está igual que tú y se habrán desahogado los dos, y tendrás entre manos algún recurso para ganarte la vida aunque sea mientras tanto; volverán cuando el jefe imbécil que tienes te reclame algo que a todas luces es injusto, y se irán después de lanzar un zapato contra la pared y tomarte dos cervezas porque sabes que con ese trabajo conectarás con el proyecto que siempre soñaste.

Y después de un tiempo alternando días malos con otros menos malos y algunos francamente buenos; después del primero, el segundo y el tercer trabajo; encontrarte con gente que también está buscando y salió de su tierra como tú; tenido uno o varios romances; mirarás una mañana de resaca de domingo atrás y caerás en la cuenta de que el tiempo pasó, y los peores momentos también. No supiste -o sí- cuándo cambió la dinámica, pero ahora sientes que todo sigue su curso y vas encontrando lo que llegaste buscando.

Entonces te acordarás de lo que sentiste aquellos primeros días cuando saliste de casa y no podrás evitar sonreír pensando en todo lo que has aprendido este tiempo. Te gustará ver la ruta recorrida y vivida, y comprobarás que, efectivamente, todo ha pasado.

Todo ha pasado y yo estaré allí para felicitarte por el camino que te habré visto recorrer y decirte con una sonrisa y en modo maternal te lo dije mientras pienso en todo lo que te quiero y lo feliz que me hace verte crecer.

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3 comentarios en “Carta a un inmigrante querido

  1. Leyendo esto siento como si fui yo quien lo escribió haha… Siempre digo, nadie sabe lo que sientes aun esa persona pasando por lo mismo, ya que cada quien reacciona de diferente manera. Todo los cambios, comienzos son difíciles y aunque no lo vemos en el momento ahí es que esta el truco de hacernos mas fuerte y disfrutar de lo que viene despues… Me encanto leer esto!!

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