Escribiendo

Pienso en mis ganas de escribir. Son muchas junto con mi capacidad de dispersión.

Uno letras durante diez minutos y tengo la necesidad de mirar el teléfono, phubbing se llamar ahora al enganche que muchos tenemos con los smartphones.

Lo miro y me digo concéntrate. Y me concentro. Veinte minutos, media hora; entonces pienso en que quizás mi chico me ha enviado un whatsapp importante (que me quiere, alguna anécdota en el curro, etc.) o me ha llegado un correo interesante para mi trabajo. Y vuelvo a mirar.

Me observo y sonrío. Vaya enganche tienes hija. E intento tratarme con ternura, como la madre que comprende pacientemente la necesidad del hijo adolescente de opinar y llevar la razón. Finalmente he comprendido que siendo tan dura conmigo misma no lograré cambiar hábitos y sí reforzar la ansiedad. Pero necesito disciplina.

Entonces me digo ok Laura, estás enganchada, no obstante, puedes cambiarlo si te concentras y lo concientizas y estás atenta observándote. Las malas costumbres se pueden transformar de a poco, 66 días dice un estudio que hicieron en una universidad de Londres.

Pongo el teléfono boca abajo para no ver la pantalla, como si haberlo puesto en silencio no valiera, y me dedico a escribir. Cada ciertos minutos se me va la cabeza -no lo puedo evitar, soy dispersa por naturaleza- pero abandono un rato el dichoso aparato y logro avanzar en el relato de turno.

Y siento nuevamente lo feliz que soy escribiendo.

Redactar una frase, parar, seguir. Detenerme un minuto porque la siguiente no se termina de aclarar en mi cabeza o no encuentro la palabra justa. Tengo la idea, se lo que quiero escribir, pero no hallo esa concatenación de letras que que quieran decir eso que yo quiero decir y que además suene fluida, bonita. Joder. Leo desde el principio para encontrar fluidez y continúo el hilo por fin.

Un párrafo más, y otra vez me detengo. Pero si tengo la imagen ¿por qué no la expreso?, acudo al recurso de leer en voz alta, menos mal que estoy sola en casa, escucharme me resulta porque la idea recitada como si estuviese conversando con otra persona me ayuda a encontrar las palabras que quiero en mi cabeza, las que me suenan bonito. Y salta la interrogante, ¿qué es bonito?

Aquellas frases que me resultan armónicas al oído, que a veces salen fáciles (hay momentos que es como un dictado en tu cabeza) y otras cuestan más. Y me acuerdo de mi profe hablando de la pereza que se nota a veces en algunos textos.

Los párrafos bonitos son los que en la medida que leo siento que van fluyendo, leyéndose fácil porque todo va a juego. No encuentro una explicación más lógica y objetiva. No la se definir de otra forma. Escribo por intuición, porque cuando hago la bendita pausa para mirar el teléfono después de un rato de concentración siento que el tiempo ha pasado sin darme cuenta y el estado de satisfacción que eso me da es glorioso, porque cuando estoy redactando y surge una idea para darle un giro interesante a la historia mi cuerpo siente una inyección de adrenalina inmensa y mis manos aplauden como si estuviese frente a la ejecución de una banda de música fascinante, porque cuando imagino una idea que puede ser una historia mis dedos tienen la urgencia de un bolígrafo o un teclado que les ayude a salir lo que su dueña quiere expulsar. Eso para mí es la vocación. Es tan intenso que me hace llorar. Y me pregunto qué utilidad tendrá para el resto del mundo este amor mío porque no la encuentro, pero es.

Y pensar que este post comenzó queriendo escribir de otra cosa. En otra ocasión será.

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Hotel Kafka, antigua sede

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10 comentarios en “Escribiendo

  1. Tantas veces en este escenario…
    Otras fuentes dicen que 21 días para cambiar un hábito pero, en mi caso, ya te puedo decir que no es suficiente tiempo.
    Quizás, saliendo de casa ligera de equipaje con una libreta y un lápiz pero en todos los lugares podemos encontrar distracciones a poco que nos descuidemos.

  2. Bendita adicción… Yo también paso días horribles sentado frente al ordenador, intentando escribir una estupenda idea para mi novela o para un artículo de este blog… y no lo consigo. Sin embargo, en otras ocasiones te sientas, enciendes, colocas los dedos encima de las teclas y comienzan a chorrear las ideas más instantáneas y verosímiles posibles hasta que concluyes un artículo del blog o un capítulo (o parte, según su tamaño) de la novela que tienes cerca de concluir. Tan profundo y adictivo es este deleite que, en algún caso de éstos últimos, cuando he releído después de haber publicado se me han llegado a escapar lágrimas casi sin darme cuenta.
    Sin duda alguna, es un placer sin comparación al resto.
    Sigue escribiendo historias como éstas. ¡Da gusto leerte!

  3. Entre otras posibilidades está la de que seas dispersa, eso suele ocurrir cuando se es creativa. Y lo eres, y mucho.
    Creo que estás tan enamorada de tu chico como del celular.
    Sigue tu ruta, que me encantan tus escritos.

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