Bestiario

No lo vi llegar hasta que ya lo sentí. Junto a mi cuello, susurrándome cerca de la oreja, su aliento se me hacía espeso, oscuro. Una bruma acechante, el vaho que impide ver con claridad, el aire fétido que envuelve al oxígeno y no te deja respirar. No soportaba que estuviese.

Ya sabía yo lo que vendría a partir de ese momento, su presencia era una inquieta certeza que comenzaba como un presentimiento e iba cobrando fuerza en la misma medida que yo me iba haciendo más pequeña.

– No lo podrás lograr, me dice, si lo haces y sale mal te sentirás derrotada después.

 Yo trago grueso y lo miro con desazón, noto como mi piel se va afinando mientras esa angustia tan familiar comienza a hincharse dentro de mí, como un globo que se infla hasta estar a punto de explotar. Trato de refutar lo que me dice.

– Pero puede salir bien, solo tengo que tranquilizarme y pensar en positivo.

Hay batallas que son muy difíciles de librar.

– ¿De verdad lo crees? Y me mira a los ojos, desafiante. Y a mí me parece que el ángulo desde el que lo miro comienza a ser cada vez más bajo. Nunca lo has hecho, ¿sabes cuántas personas hay mucho más expertas que tú?

Si solo supiera por qué me dice estas cosas podría manejar mejor la situación…

– Necesito intentarlo, le digo. Pero no sé si se me escucha porque el aire es cada vez más espeso y me ahoga y la fetidez hace que los músculos de mi garganta se cierren y yo ya no sé si lo que se ha escuchado es mi voz con una frase de dos palabras o mis lágrimas que cortan las sílabas.

Es mi desazón, es el vaho, es su mirada acusadora. ¿Acusándome de qué?

– Precisamente, me dice, mejor no hagas nada y te evitas el posible sufrimiento.

¿Y por qué me dice eso? He perdido el control de lo que digo y lo que pienso. No sé si lo que pienso lo he dicho o lo que digo lo he pensado. Solo tengo consciencia del aire y de sus palabras, de que lo demás retumba en mi cabeza y pareciera un desfile de bandas donde todo se confunde y nada está claro y todo es posible porque no sé si es real. Pero atino a responder, a hilar frases que no sé de qué parte de mi inconsciente salen:

– Si lo hago tengo posibilidades de por fin encontrar ese sitio que estoy buscando, y eso es lo mejor que me puede pasar.

Me gustaría pensar que se va a callar.

– ¿Y si sale mal? te sentirás nuevamente frustrada ¿eso te gusta?

¿Por qué no se calla?

– ¿Te quieres sentir mal de nuevo contigo misma? Ellos te recriminarán tus fallos y terminarán echándote, ¿quieres eso?

Solo puedo negar con la cabeza.

– Tengo que recordarte que esa posibilidad es real. Quédate tranquila y no te arriesgues. Es por tu bien.

Cállate…

Me tapo las orejas con las manos, sacudo la cabeza. Cállate. ¿Por qué no te lo digo? Por qué permito que invadas este espacio y tu voz retumbe potente y bárbara en la habitación, en mis oídos, en mi cerebro. Por qué no te digo que todo lo desconocido tiene un riesgo, y ese riesgo tiene dos caras en su resultado. Por qué no me planto y te digo que a pesar del vaho, del olor fétido, de la mirada, de tus palabras como navajas. Que a pesar de eso lo voy a hacer. Por qué.

Y sé que ahora te irás. Pero no será muy lejos.

 

PD: Estoy haciendo un curso de Relato Breve, como cada semana tenemos que escribir un texto, he aprovechado para revisar relatos que hice hace un tiempo y publiqué en este blog. Este es uno de ellos.

miedo, bestiario, relato

Imagen: Essentia for all

 

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6 comentarios en “Bestiario

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