Fin

Recuerdo ahora una camiseta, era una franelita manga corta color mostaza con los bordes de los brazos y el cuello morados creo, y un conejito que estaba de pie y de perfil en el pecho. Formaba parte de la ropa que tenía en tu casa puesto que tenía para mí una gaveta en el armario de madera de tu cuarto. La última gaveta del armario.

Iba mucho a jugar, no recuerdo la frecuencia, pero sí que me encantaba quitarme los zapatos, ponerme ropa vieja (o no sé si era mami que me mandaba a cambiar de vestimenta) y salir al patio del fondo de la casa. El largo patio de atrás. Con el suelo de tierra, la batea con techo de zinc para lavar los platos en poncheras llenas de agua porque no había un lavaplatos con agua de tubería; y la letrina a la derecha porque no había baño. Todas esas mejoras vinieron luego, cuando yo había crecido. Después estaban las matas  de ajíes y limones y semerucos, y más allá los árboles de mango, tan altos que yo los trepaba solo un poco porque me daba miedo llegar hasta arriba. Eran mis hermanos mayores y mis tíos lo que bajaban la fruta para comérnosla después.

Recuerdo mucho las carreras con mi hermanito y los demás primos, la sensación de tierra en los pies y jugar al pisé dibujado en el suelo con un palo, los grandes huecos que hacíamos a 4 o 6 manos sacando la tierra para llenarlos de agua, volver a poner la arena y mezclarla para hacer nuestras tortas de barro y jugar a las cocinitas con las muchachas, mis primas.

Me viene a la cabeza el baño después de jugar y abrir una gaveta para sacar la ropa que iba a ponerme, la franelita del conejo y una siesta no sé a qué hora con el ventilador porque no había aire acondicionado y el calor era sofocante y había que poner algo con lo que refrescarse.

Pero no recuerdo tu imagen concreta. Solo se me viene a la cabeza la de las fotos en esa época, con el pelo aún oscuro, las diferentes batas largas con o sin botones al frente, y ese cigarrillo al revés que siempre siempre te caracterizo. No he sabido de otra persona que fumara así. El pitillo previamente cortado a la mitad y encendido, para luego metértelo en la boca con el fuego hacia dentro y sosteniéndolo con los labios. Solo se veía el circulito blanco, lo que debía estar hacia dentro. Yo pensaba ¿cómo no se quema la lengua? y la verdad es que eso me lo sigo preguntando hoy.

Ese era uno de tus rasgos distintivos, y el quesillo hecho en las latas de leche en polvo que te quedaba tan rico y me gustaba tanto, las arepas de maíz “pilao” en el molinillo ese que tenías en la batea también y que te quedaban tan buenas, los platos de peltre que sonaban mucho y por eso ahora de adulta me gusta tener en casa, las sillas grandotas de la mesa que te regalo tía y en la que cabíamos mi hermanito y yo cómodamente si no estábamos dándonos golpes… Tu mal genio peleando con nosotros para que nos portáramos bien y te hiciéramos caso, porque para ser sinceros tenías muy malas pulgas, ni siquiera las perdiste cuando te quedaste en silla de ruedas.

Estoy pensando en todo esto desde que te fuiste, supongo que es porque con tu marcha también se termina de ir una etapa de mi vida, la de la inocencia, la de la candidez, la de la familia grande. Y es raro porque yo hace tiempo que me fui, pero tenía necesidad de escribir. De escribir y recordar sin ningún fin.

abuela y nito

Anuncios

4 comentarios en “Fin

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s