Un día pre-vacaciones cualquiera…

Andábamos en fase de medirnos bastante para ahorrar y poder irnos con más dinero de vacaciones, pero como queríamos tomarnos una caña por los alrededores de casa buscamos una alternativa barata barata. A él se le prende el bombillo y me dice ya está, vamos a La Sureña que abrieron aquí en la calle de abajo.

Gran paréntesis: La Sureña, una franquicia de comida andaluza que imita el modelo gringo de comida rápida, la barra y los tablones donde se oferta la carta con sus precios son como los de Mc Donalds; lo que quieras consumir lo pides allí, lo pagas y te lo llevas a tu mesa. Todo con precios muy baratos, comida un poco mala pero que cumple su función de llenar el estómago, y promociones que tiran a lo bajo de forma exagerada. Perfecto para bolsillos limitados.

De manera que nos fuimos allí a tomarnos una oferta que tenían de un cubo con cinco botellines bien fríos por 3 euros, más 1 euro por las aceitunas. Nos ubicamos en una mesa al fondo del local porque la terraza estaba llena y las mesas del principio también. Sí nos llamó la atención cuando buscábamos sitio que en la mitad del pasillo había un grupo de cuatro personas que tenían acaparadas dos mesas con el doble de sillas… y no dejaría de ser una simple observación si no fuera por lo que pasó a continuación.

Diez minutos habían transcurrido y vemos que una pareja de más o menos 40 años está buscando una mesa, pasa por nuestro lado pero todo está lleno, se devuelven por donde vinieron… Y empezaron los gritos.

Lindezas del tipo “hijo de puta!! que hago lo que me de la puta gana!!” “lárgate gilipollas!!” y un largo etcétera. Paralizamos nuestra conversación, -en realidad, todas las conversaciones se paralizaron- y miramos atentos al lugar de donde venían los gritos. Sí, somos cotillas.

Cervecería La Sureña

Las fotos fueron tomadas a escondidas… no fuese que al final termináramos detenidos por fotografiar polis

Lo que entendíamos entre tanto jaleo era que la pareja que buscaba mesa se había acercado al grupo que tenía más sillas de las que aparentemente necesitaban  y les solicitó una de las mesas puesto que no la estaban ocupando, entonces uno de ellos, bastante exaltado, bebido o lo que sea, empezó de una a vocear improperios. Luego vimos que otra chica del mismo grupo se ponía a chillar insultos, y después una de las camareras intervino para calmar los ánimos y terminó gritada también. A estas alturas los dos hombres, el buscamesa y el exaltado, ya estaban encarados y a punto de pegarse. De repente nos dimos cuenta de que varios salieron a la acera y la camarera gritada se devolvió en nuestra dirección -junto a nosotros estaba la puerta de la cocina- con cara de circunstancia. Y ya el clímax fue cuando la mujer chillona dijo con toda la beligerancia y chulería posible: Es que les voy a llamar a la policía y verán!!!

¿La policía?????

Ya todos los que estábamos alrededor observábamos la escena como quien va al cine, y comentábamos de mesa a mesa con sorna los detalles. Si, somos cotillas, pero es que la situación era increíblemente absurda… porque los cinco polis llegaron 15 minutos después. Sí, cinco polis. Alguno guaperas, en plan cachas, todos ocupando su tiempo en resolver el serio problema que tenían estas serias personas que los habían llamado.

Mi chico se acercó para pedir otro cubo de cervezas -al final la cañita se convirtió en una salida de unas cuantas birras- y de una vez averiguar un poco ya que todo transcurría junto a la caja de pedidos (cotillas). Allí se enteró de que la pareja inicial se acercó tranquilamente a la mesa de las muchas sillas y les dijo si podían cederles una de las mesas para sentarse ellos. Entonces el otro empezó a gritarles, quién sabe por qué razón, que no le daba la gana de darles la cuestión, se puso tan agresivo que lo sacaron del local y se quedó su chica (la chillona) defendiendo sus intereses e insultando a la pareja, la camarera trató de intervenir para que la situación no fuera a más y salió insultada también, y en una de esas la mujer (la gritona) les dijo a los del local algo así como “aquí casi todos son extranjeros, voy a llamar a la policía que seguro que hay gente sin papeles”.

Fue entonces cuando se presentaron los polis (ya mi chico había vuelto a nuestra mesa) y esta mujer (la chillona) siguió con la chulería, ahora con ellos. Uno de los uniformados le dijo “conmigo no te pongas con esas”, entonces le pidieron el DNI, que para eso fue quien armó todo el jaleo, y resulta que no lo conseguía en su bolso. Luego vimos a la camarera insultada sacando su cartera también para dar el DNI, y la mitad del local estaba atascado porque entre los contendientes, los polis y el personal ocupaban todo el espacio.

Cervezas en La Sureña

Las fotos fueron tomadas a escondidas… no fuese que al final termináramos detenidos por fotografiar polis

Al final hubo denuncia, la pareja que inicialmente estaba buscando tranquilamente una mesa se sentó en otra, y los buscapleitos se fueron.

Fin del espectáculo…

¿Todo por una mesa?

Google

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12 comentarios en “Un día pre-vacaciones cualquiera…

  1. Pues sí, por una mesa, hasta puñaladas he visto yo por una mesa 😀 los domingos, a la hora de las rabas, en ciertas terrazas, hay lista de espera, alguna vez hasta te miran con cara de “estás tardando más de lo imprescindible para tomarte el zurito”, alguno lleva el perro para intimidar.

    Cualquier día veremos a los ancianos a navajazos por el mejor banco del parque.

    Besos querida.

  2. Creo que exaltados, algo tomaditos o drogados hay en todos lados. Lo que debieron hacer era dirigirse a la moza. Tuvieron un almuerzo diferente y tú hiciste una crónica ágil. Pensándo lo bien les salió perfecto.
    Un abrazo.
    Hasta pronto.

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