Se dice, se cuenta…

…Que una vez hubo un señor muerto, muy muerto, que estando en vida lucía en su dentadura unos cuantos dientes de oro, porque en su época ese era el tipo de empaste que empleaba el dentista.

Se cuenta también que el señor tuvo una muerte trágica, que dejó 4 hijos pequeños, y que el mayor, al ser el mayor, siempre lo recordó mucho.

Se dice que ese hijo, más de 40 años después, decidió visitar a su padre en el cementerio y, estando parado frente a su tumba, decidió en un arrebato desenterrarlo.

Se cuenta que cogió los huesos del señor y se los llevó a su casa, y para tenerlo cerca y guardadito, los metió en una caja debajo de su cama.

Se dice que pasado un tiempo cambió al muerto de puesto. Le explicó a su hermana que al parecer era ilegal tenerlo en casa,  y como no quería meterse en líos prefirió mudar a los huesos de sitio.

Se cuenta que entonces fue al patio de su casa, hizo un hueco junto al árbol grande y allí los dejó descansando en paz. No ha vuelto a cambiarlo.

Eso sí, los dientes de oro se los quedó, y le dio uno a cada uno de sus hermanos para que tuvieran un bonito recuerdo de su padre…

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PD: Se cuenta, se dice… lo cuento, lo digo, porque aunque parezca extraña, la historia es real, una anécdota familiar surgida en el Caribe del realismo mágico… Había que contarlo.

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19 comentarios en “Se dice, se cuenta…

  1. Primero decirte muchas gracias por el premio y que te contesté en el Blog.
    Ahora el cuento. Como dices del realismo imaginario, del caribe, puede ser. Por éstos lares, es muy común saber que sobre todo en las reducciones desaparecen todas las piezas de valor que muchas veces acompañan a los muertos.
    Ahora, hasta las chapas recordatorias de bronce, las argollas, los números etc.de los panteones.
    El cuento me parece espléndido , lo que no logro comprender es la imágen con la cajita que pusiste al final del cuento, no me doy cuenta que es. Parece una muela de oro lo que está afuera.
    Te pregunto de curiosa que soy,
    Un abrazo.
    Hasta pronto.

    • Hola Stella!
      El premio te lo di con ilusión porque me encanta tu blog… y menos mal que me escribes porque se me olvidó avisar a los premiados, qué cabeza la mía :S
      Sobre el cuento, la historia es real, y lo que dices de los cementerios también ocurren en mi país, una cosa indignante
      Qué pena que no se entienda la foto, es uno de los dientes del muerto, pero está desenfocada y las otras que tengo se veían peor 😦
      Ni modo, gracias por leerme, un abrazo!

  2. Y digo yo que por qué 40 años después, que qué se le pasaría por la cabeza para después de tanto tiempo desenterrarle, curiosa historia, aquí me da que no aguantas 4o años en las tumbas.

    Besos.

  3. Pingback: Se cuenta, se dice… | diariodeunatreintaneradesubicada

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