Dos historias

Le prometí que ese domingo iríamos de paseo a la sierra, y así hicimos. Nos fuimos temprano camino a Cercedilla, visitamos el parque de Las Dehesas y allí nos echamos un rato en el monte a mirar el cielo. Luego fuimos a comer al restaurante que está al entrar al pueblo. Era un día otoñal lleno de sol, con la humedad característica producto de la lluvia y esas gotas posadas en cualquier hoja, techo o cosa inerte.

Yo me sentía tranquilo y de buen humor, le acariciaba la mano mientras esperábamos los platos y le contaba viejos chistes de cuando era un chaval y trataba de rememorar con ella antiguos episodios de nuestro noviazgo, cuando teníamos 20 años. Ella me escuchaba y comentaba, pero había momentos que parecía ausente, entonces le apretaba un poco la mano y volvía, y me miraba con esa mirada de otras veces suya, que no entendía.

Nos tomamos la sobremesa con calma para digerir la comida porque después nos íbamos a caminar al monte para recoger setas…

………………

Después de prometérmelo  no sé cuántas semanas, por fin fuimos a pasar el día en la sierra. Nos levantamos temprano para aprovechar la jornada, comenzamos yendo a un parque en Cercedilla, creo que se llama Las Dehesas. Se veía contento, incluso me dijo que nos echáramos un rato a ver el cielo, y estaba muy conversador. Como si con eso lo arreglara todo.

Yo miraba las nubes y pensaba en la infinitud del cielo, en lo libres que se veían las nubes, en cómo se deben sentir los pájaros al volar.

Después nos fuimos a comer al restaurante de la entrada al pueblo. Me hizo ilusión, hace mucho tiempo que no comía otra cosa que mis guisos. Los platos estaban ricos y él me contaba sus chistes imbéciles de siempre y yo como siempre me reía para seguirle la corriente. Después empezó a recordar viejos episodios de nuestro noviazgo, cuando teníamos 20 años.

Cuando yo era una jovencita ilusionada, cuando me casé pensando que era mi príncipe azul. Cuando no me daba cuenta de lo que me venía encima.

Recordaba lo plena que me sentía en aquel tiempo y se me encogía el corazón, entonces él me apretaba la mano y volvía a la realidad. Aunque era un suave apretón no podía evitar sentir un pequeño temblor en mi cuerpo, algo imperceptible que funcionaba de ancla porque me conectaba al terror. Entonces le volvía a prestar atención.

Después nos fuimos a caminar por el monte a recoger setas….

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12 comentarios en “Dos historias

  1. Cada uno tiene su opinión de una misma realidad, pero está claro que en ella hay mucha más animadversión que en él. eso interpreto yo.
    Y eso que andaban por mi casa y esos paraje son una preciosidad. 😀

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