Se cuenta, se dice…

Porque la historia no quedó allí, sería demasiado simple y ordinario…

El cuento comenzó aquí, en un relato anterior producto de una anécdota familiar… Pero es que resulta que el muerto bien muerto tuvo una trayectoria más larga y compleja que la narrada, solo basta decirles que recorrió más de 300 kilómetros después de su muerte. Para que se hagan una idea.

Todo empezó en realidad cuando el hijo decide visitar al padre en su última morada después de mucho, y encuentra que el tiempo y el descuido han deteriorado la tumba. La lápida se había roto, e incluso se veía una parte del ataúd,  y por eso el hijo se indignó con el estado de aquella morada, que para eso era su padre y no se merecía ese destino. Fue entonces cuando decidió desenterrarlo.

Así se lo contó a su hermana, quien alarmada le preguntó cómo llevó a cabo la gesta al ser ello ilegal,  obteniendo como respuesta un argumento sobre el valor del dinero…

El caso es que, como ya habíamos contado, cogió los huesos, los metió en una bolsa y esta en un bolso y se los llevó a casa, donde durante un tiempo descansaron en paz debajo de la cama. Su mujer no entraba en la habitación porque tener un muerto en casa es pavoso, decía, y el hijo no le hacía caso porque para eso era su padre.

Pero pasada una temporada se informó de las consecuencias legales de tenerlo escondido en el hogar, y decidió entonces darle mejor descanso. Fue al patio, busco un sitio cerca de un árbol y allí lo enterró de nuevo, quitándole previamente los famosos dientes de oro que luego repartió entre sus hermanos para que tuvieran un presente del padre como recuerdo. Aunque él se quedó con la mayoría…

Pero hete aquí que después de un tiempo, semanas, meses, no sabemos exactamente, un problema de drenaje en el patio de la casa hizo que el muerto bien muerto fuese otra vez desenterrado. Sus huesos ya se empezaban a corroer a causa de la humedad, y hubo que volverlo a poner en la bolsa y esta en un bolso debajo de la cama.

Allí de nuevo pasó una temporada, hasta que transcurridas otras semanas, meses, no sabemos exactamente, el hijo buscó un nuevo sitio en el patio para volver a enterrarlo y que su padre pudiera descansar en paz. Como debe ser.

Pero aconteció que ocurrió una desgracia.

El hijo de este hijo, un hombre joven rebosante de salud y padre de bebés, fue terriblemente asesinado en un atraco, como solo ocurre a diario en los países donde la pobreza y la inseguridad impera. El padre se volvió loco por el dolor de perder a su primogénito de una forma tan desgraciada.

Y no mencionaríamos este penoso episodio si no fuera porque, al ocurrir tan triste asunto, el hijo desenterrador y ahora padre afligido decidió incinerar a su hijo, y en ese momento se acordó del padre enterrado en el patio. Otra vez se propuso sacar los huesos para esta vez si, mandarlo a incinerar también y así darle definitiva sepultura.

Pero, paradojas de la vida, sucedió que esta vez no recordaba el punto exacto en el que estaba enterrado el muerto, por lo que hubo de bregar para encontrarlo. Al final los halló, y fue entonces cuando esos huesos con tan largo recorrido se volvieron cenizas. El hijo decidió llevarlas al mar y allí depositarlas, que para eso era su padre y merecía descansar en paz.

Aunque suponemos que con tanto agite el señor hacía rato que había decidido descansar en paz por su cuenta…

………………………..

PD: Todo surgió a raíz de la pregunta que me hizo Dess en el relato anterior, que por qué el hijo 40 años después va y decide desenterrar a su padre. Esta es la respuesta y todo lo que siguió Líder ;)

Se dice, se cuenta…

…Que una vez hubo un señor muerto, muy muerto, que estando en vida lucía en su dentadura unos cuantos dientes de oro, porque en su época ese era el tipo de empaste que empleaba el dentista.

Se cuenta también que el señor tuvo una muerte trágica, que dejó 4 hijos pequeños, y que el mayor, al ser el mayor, siempre lo recordó mucho.

Se dice que ese hijo, más de 40 años después, decidió visitar a su padre en el cementerio y, estando parado frente a su tumba, decidió en un arrebato desenterrarlo.

Se cuenta que cogió los huesos del señor y se los llevó a su casa, y para tenerlo cerca y guardadito, los metió en una caja debajo de su cama.

Se dice que pasado un tiempo cambió al muerto de puesto. Le explicó a su hermana que al parecer era ilegal tenerlo en casa,  y como no quería meterse en líos prefirió mudar a los huesos de sitio.

Se cuenta que entonces fue al patio de su casa, hizo un hueco junto al árbol grande y allí los dejó descansando en paz. No ha vuelto a cambiarlo.

Eso sí, los dientes de oro se los quedó, y le dio uno a cada uno de sus hermanos para que tuvieran un bonito recuerdo de su padre…

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PD: Se cuenta, se dice… lo cuento, lo digo, porque aunque parezca extraña, la historia es real, una anécdota familiar surgida en el Caribe del realismo mágico… Había que contarlo.

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Una historia

Hace 10 años decidió marcharse. Cogió sus maletas y tomó vuelo. Ella quería ser una mujer de mundo. Marcada por su origen pueblerino, quería conocer países, otros idiomas, otras gentes, y bailar. Por eso se fue. Y llegó allí con las ilusiones y el ímpetu que se tiene a los 20. Hizo amigos,  tuvo amores, y dudo también de su marcha, como cuando caminó por todo el centro de la ciudad llorando porque se sentía sola y fuera de lugar… trabajó mucho en muchas cosas, y conoció diferentes gentes. Un tiempo después lo conoció, un tipo maravilloso con un corazón más grande que él mismo. Después bailó en escenarios, y viajó a propósito, pero la inseguridad le podía, no lo disfrutaba.

Hace poco cambió el baile por la escritura, en estos tiempos se siente más reposada y serena, aunque su inconsciente inquieto sigue jugándosela por las noches al dormir. Resulta que cumplió 10 años de su marcha, y no sabe si alegrarse o estar insatisfecha. Ha crecido mucho y ha aprendido mucho, pero su concepto de mundo incluía más viajes, más países, más idiomas, ¿ha valido la pena? se pregunta…

Esa es la historia de mi otro yo estos últimos 10 años… Yo, este yo, la que narra, vive una vida más solitaria, corriente y clásica al otro lado del mundo. Supongo que según vamos decidiendo nos vamos diseccionando en muchas vidas, múltiples vidas…

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Published in: on octubre 25, 2012 at 9:56 pm  Comentarios (19)  
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Historia en un tren

El tren que esperaba llegó por fin, acercándose imponente, como un monstruo con vida propia.  Se detuvo y presioné el botón para que la puerta se abriera deslizándose suavemente a un lado.

Tengo el 5B, espero que sea ventana. Me gusta mirar por las ventanas en los trenes, mi alma nostálgica rememora películas románticas, dramas en los que la actriz recuerda un amor perdido o una decisión determinante en su vida.

 Vaya, me toca pasillo. Bueno, me siento en la ventana y si no viene nadie me quedo; aunque me acordé de que era fin de semana de puente y habrían más viajeros.

 El vagón empezó a llenarse de gente, yo estaba metida en mis pensamientos cuando de repente me volví al pasillo y vi que un chico miraba en mi dirección.

 - ¿Te sientas aquí?

- Sí.

Vaya de nuevo.

Me cambié al puesto que me correspondía en realidad con disgusto, y creo que externamente se me notaba, porque el “intruso” me dijo, “si prefieres te dejo mi sitio” . Me sentí avergonzada por mi arranque de malcriadez; “no, no pasa nada”, le contesté.

- Yo prefiero la ventana la verdad, -me dijo al cabo de dos minutos-  me gusta mirar el paisaje y no pensar en nada, solo disfrutar de la tranquilidad de ver transcurrir el tiempo y los lugares… A menos que tenga algún niño como vecino que llore a gritos- Y sonrió.

 - A mí también me gusta la ventana.

- Ah, por eso me miraste con cara de asesina cuando te dije que era mi puesto ¿no?- Comentó en tono divertido.

No pude evitar sonrojarme y bajar la mirada.

- ¿A dónde vas?

- A Valencia, ¿y tú?

- A Alicante, voy a trabajar.

- Yo voy a visitar a unos amigos.

- Bueno, también aprovecharé para descansar.

- ¿Y en qué vas a trabajar un fin de semana largo?

- Voy a dar una charla de escritura creativa.  Soy escritor.

- ¿Ah, sí? Qué interesante. Yo escribo en mis tiempos libres, bueno, y los no libres también porque soy periodista.

- Qué bien, pues yo daré esta charla en unos talleres para jubilados. Son personas con mucho tiempo libre ahora y quieren desarrollar algunas aptitudes.

- Me parece precioso. Admiro a la gente que siempre está interesada en aprender. Aparte, es buenísimo para las neuronas.

- Sí… y tú ¿de qué escribes?

- Escribo en un portal de artículos y en un blog que tengo.

- ¡Anda! ¿Y de qué escribes en el blog?

- Bueno, es un blog personal. Redacto sobre lo que veo, anécdotas, vivencias, etc

- Es impresionante toda la gama de opciones que te da Internet para comunicarte, no deja de sorprenderme las posibilidades que tenemos ahora para hacerlo respecto a cuando yo era un chico apenas, y no soy tan viejo -dijo sonriéndome.

 Aunque lo estaba viendo a la cara, de repente lo volví a mirar , era un hombre de unos 40 años, tez blanca, cabello oscuro que le caía en capas sobre la nuca y las orejas… no era guapo, pero tenía algo, un aire bohemio y desenfadado que a menudo tienen los que se dedican a las letras, y que lo hacía a mi parecer atractivo.

 La charla continuó. Y se prolongó. Me contó de su vida, ingeniero industrial con pasión por las letras. Separado con tres hijos, un día llevó una novela a concurso y para su sorpresa ganó el segundo premio, que le hizo obtener cierto nombre en el mundo editorial. Decidió entonces probar a seguir escribiendo y pasado un tiempo le propusieron dar clases de literatura. Ahora el hobby era la ingeniería.

 Yo le conté de mi trabajo reciente en el equipo de comunicación de una empresa online, mi entusiasmo en el proyecto y mi pasión por escribir. Nos fuimos contando y contando, acercando como quien se abre sin pensar en las consecuencias…

 De repente, sin pensar de nuevo, le dije “Parece que te conociera desde hace tiempo”, y él respondió “Yo he sentido lo mismo”. Nos quedamos algunos segundos mirándonos, en uno de esos momentos cinematográficos que anteceden a una escena apasionada… Yo cambié el tema de conversación entonces…

Los altavoces emitieron el sonido de llegada.

- Estamos en Valencia.

- Sí, aquí me quedo

Una parte de mí deseaba quedarse en la silla. En tres horas nos habíamos contado nuestras vidas. Había sentido el calor de su proximidad y me excitaba. En un momento dado nuestras manos se tocaron y había sido mucho más intenso que un orgasmo.

 Y ahora me tenía que ir.

 Me levanté por fin y cogí mi maleta, él se levantó para despedirme, las manos detrás metidas en los bolsillos del pantalón, nervioso, igual que yo.

- Bueno, pues, ha sido un gran placer conocerte

- Sí, lo mismo digo

…….

….…

- Ya nos veremos entonces, adiós.

- Que te vaya bien.

Y me fui.

Published in: on noviembre 20, 2011 at 9:15 pm  Comentarios (12)  
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En 30 segundos

…Nos negamos a comprender que nuestra vida es transitoria, que vamos ganando en historias mientras envejecemos y se nos va la energía, malgastada en cada situación, en cada hecho cotidiano. Y vienen comienzos, nudos y desenlaces como en los cuentos y las novelas, pero nos negamos, nos negamos a aceptar lo que hay, incluida la felicidad, y el desenlace esta ahí pero seguimos aferrados al nudo porque más vale aquello que conocemos, y la vida va transcurriendo y nos vamos desgastando y nos convertimos en autómatas porque es lo que nos queda antes de tomar una decisión, y luego hay tanta tristeza que mejor eso que abrir los ojos…
Es que nos creemos eternos, tan simple como eso
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