Coque

Aviso: este post es para quienes les guste comer.

Hace unos días viví una experiencia gastronómica de esas que son especiales. Me gusta comer, me encanta comer, y conviviendo con un cocinero loco por la gastronomía es inevitable que aprecie aún más el acto de sentarse a la mesa. Nos fuimos al restaurante Coque, de Mario Sandoval, en Madrid, un sitio con una estrella Michelín y cuyo chef es muy reconocido en la alta cocina española.

No voy a explayarme en la parte formal porque  ya escribí un artículo para tal fin. Cuento cuáles fueron mis sensaciones…

Primero, siempre me imagino un sitio de estos con un trato amable pero más distante, un poco frío. Resulta que no. También hay que decir que es un restaurante familiar, fundado por el abuelo que le dio por nombre su mote, y que durante mucho tiempo fue un lugar tradicional de platos típicos de la región… En la actualidad lo llevan los tres hermanos, Rafael, Diego y Mario, cada uno en su área específica en la restauración, y quizás por ello el trato es más cercano a pesar de ser un lugar gourmet.

Nos recibió el mayor, que es el sumiller también, en la bodega, un espacio precioso donde caminas sobre las botellas de vinos y en el que tomamos el aperitivo…

El que más  me impresionó fue uno que está en la base del “árbol” de metal, que parece un bombón Ferrero Rocher, y es foie bañado en almendras molidas y polvo de oro que simula el mismo efecto del chocolate… riquísimo.

Del aperitivo pasamos a la cocina, un espacio blanco y amplio que tiene en una de sus salas un horno de barro inmenso donde siguen haciendo, entre otras cosas, cochinillo; lo mejor fue que nos recibió el propio Mario Sandoval, y estuvimos un momento conversando con él sobre su cocina y lo que está haciendo en cuanto a investigación…

El chico es un hombre joven -guapo, también hay que decirlo- y que se le nota la ilusión por lo que hace. Nos presentó tres nuevos aperitivos que había visto al entrar y juraba que formaban parte de la decoración, unas verduras de su propio huerto que están arregladas de tal forma que parecen objetos y no alimentos. Lástima que con la emoción se me olvidó tomarle fotos…

Finalmente nos pasaron a la sala…

… Y ahí fue la larguísima sesión de platos, porque tomamos un menú degustación.. 15 platos,  pequeños en cantidad de comida para poder saborearlos todos, desde verduras del huerto con sabores auténticos hasta carnes de caza; desde setas encerradas para poder apreciar todo el aroma al destaparlas hasta pescados que solo de introducir el cuchillo se abrían tiernamente; con presentaciones impresionantes y una vajilla excepcional; una decoración en tonos dorados y ocres y unos sillones que me hubiese quedado de lo más a gusto recostada tomando la siesta allí de lo cómodo que era…

Cuatro horas en el sitio. No soy objetiva, la verdad, pero es es imposible serlo; repito, me encanta comer, y si la experiencia del gusto se extiende al olfato, a la vista y al bienestar general queda una sensación de gusto que vale la pena compartirlo. Y conste que no me están pagando por hacerles publicidad. Simplemente me gusta contar las buenas vivencias…

Cromatismo de verduras

Tartar de corzo

Bacalao monocromático

Lomo de liebre macerado

PD: Las fotos son de la página web del restaurante, menos la primera que la tomé yo, y la de Mario que es del ABC. No vaya a ser que me busque el FBI por no escribir esto….

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