Me dice, no lo podrás lograr, si lo haces mal mira cómo te sentirás después.
Yo trago grueso y lo miro con desazón, trato de refutar, pero puede salir bien, solo tengo que tranquilizarme y pensar en positivo.
No, es su respuesta, nunca lo has hecho, ¿sabes cuántas personas hay con mucha más experiencia que tú?
Yo lo miro angustiada y a punto de llorar, solo atino a decirle bajito, pero, es que necesito intentarlo…
Una mirada acusadora como respuesta hace que baje la cabeza y las lágrimas empiecen a salir.
¿Por qué me haces daño diciéndome eso? le digo, ¿no ves que me siento peor?
Precisamente, replica con energía, mejor no hacer nada y te evitas ese posible sufrimiento.
Pero, y en ese momento el llanto ya es a lágrima viva, si lo hago tengo posibilidades de por fin encontrar mi sitio, y eso es lo mejor que me puede pasar.
Si claro, ¿y si sale mal? te sentirás nuevamente frustrada ¿eso te gusta?
Solo puedo negar con la cabeza.
¿Te quieres sentir mal de nuevo contigo misma? Ellos te recriminarán tus fallos y terminarán echándote.
Pero es que, ya aquí grito angustiada, si siempre pienso en lo malo que puede pasar no hago nada entonces.
Si es verdad, me dice, pero es que tengo que recordarte que esa posibilidad es real. Quédate tranquila y no te arriesgues. Es por tu bien.
Sus palabras retumban en mi cabeza, me hacen daño, siento como una opresión en el pecho y mucha acidez estomacal que se son emocionales.
Pienso que lo que me dice es verdad, pueden salir mal las cosas, y me sentiré fatal, y no quiero sentirme así…. Pero también es verdad que necesito dejar de dar tumbos, quiero centrarme, y para ello necesito arriesgarme, pero siempre está él diciéndome estas cosas, y yo, yo no puedo con tantas ideas en la cabeza. Me machaca emocionalmente, y estoy harta de ese desgaste. Lo único que siento es que el cuerpo me pide un cambio…
Empiezo a hablarle. Esa posibilidad es real, le digo, siempre que hay una experiencia nueva todo es desconocido, y corro el riesgo de fracasar… pero también puede que las cosas salgan bien ¿no? y si no pruebo no voy a comprobarlo. Quizás valga la pena hacer el esfuerzo y correr el riesgo…
Entonces mi Miedo me miró con detenimiento, se levantó digno y con arrogancia. No pronunció palabra alguna.
Se fue.
Aunque se que no muy lejos…
“Nuestro cerebro tiene una doble motivación principal: minimizar el peligro y maximizar las recompensas”. Blog Cartografía Emocional



































